Una noche, pasado mucho, mucho tiempo desde la última vez que se vieron, Peter Pan irrumpe en la habitación de Wendy. Viene a buscarla, viene para llevársela de nuevo a Nunca jamás. Pero el tiempo no pasa en balde, ella ya no es una niña. Cuando él le dice “vengo a por ti”, ella responde “no des la luz”, porque dar la luz supone enfrentarse a la maldita certeza de que hemos crecido. Alguien entró de golpe en la habitación y encendió la luz, y nos dimos cuenta que casi ya no quedan niños, de que negamos el derecho a la infancia a los que la merecen. Si Peter Pan viene a buscarnos, no des la luz, no vaya a descubrir que lo hemos traicionado y hemos crecido demasiado.
Tengo ganas de estar, contigo, estando. Tengo ganas de disfrutar este momento, este café... sin ninguna interferencia cotidiana. Tengo ganas de dejar que mi corazón se vuelva loco de amor... sin ninguna interferencia del pasado. Eso me hace tanto bien... tanto... ¿Esta frío el café, te lo caliento un poco? ¡Tengo ganas de ser! Ser, de una buena y santa vez ser yo... tengo ganas que me quieras así, me aceptes así... tengo ganas que te animes a ser... tengo ganas que yo no te boicotee... tengo ganas que todo lo que me hace bien, me parezca lo mejor para mí, ¡y ser capaz de elegir sólo eso! ¡Ay, no te puse cucharita! ¿Ves que soy una inútil? ¡Tengo ganas de zambullirme de alma a la vida! ... y si es de a dos... que sea a la par, creciendo como personas, de...
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